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Jorge Alejandro Partida Crespo

GRAFOLIA

Un grafo en la nada. Un impulso suspendido en la memoria aletargada.

La negación en ruinas

La negación cuenta más que aquellos deseos por expresar un lenguaje en no sé qué palabras, ahora tan lejano a mí, como si desde un barco me despidiera de la tierra perdida allá en el horizonte que abandono, desterrado sobre esta enorme llama de agua en busca de un designio más espeluznante. Las ruinas que dejo, lo que allí se fundó tendrá que ser borrado y desligado de toda mi presencia.

Volver

Nada que decir, por ahora. Hay un volver en mis palabras que se resbalan entre las yemas de mis dedos. Aunque, analizándolo bien, es un deseo de volver. ¿De volver exactamente a qué? Si no oculto nada; aprendí a vivir al día, simplemente. El único plan que tengo lo oculto en mi cabeza, y quizás sea revelado cuando por fin sea realizado. Mientras tanto, aparento que persigo ninfas en el aire, de esas que no existen y sin embargo nos engañan con el eco de sus suspiros.

Se cumplen trámites para vivir en el mundo. La influenza ha llegado a varios rincones del mundo. No me permito nombrar esquinas desde que el mundo es redondo. Repetirlo tres veces es intentar trazar sus vueltas, las que gira él en torno de sí mismo y las que le doy yo a través de mis sueños dentro de esta cápsula perdida clavada en la existencia donde cuestiónanse mis dudas sobre el tiempo. ¿Y qué es el tiempo sino un "cuadro" colgado en los muros de la nada? Y habitamos dentro de él, y nos movemos en secuencia como en la tira cómica entre las manos de un niño, o un adolescente, o qué demonios, de un adulto que nunca aprendió a pensar como los grandes y se negó a perder su último juguete: la fantasía de su pensamiento.

La higiene deberá ser permanente, se nos recomienda y en algún lugar donde ni el diablo funda plazas, un tiroteo deja a un soldado herido. Mientras que en otro lugar aprueban una licencia para arrestar sin conocer ampliamente la etimología de la palabra.

Y aquí, mientras llueve. Las nubes se desgajan para depurar nuestra mierda. Yo me bebí un café porque dormí en la tarde. Y tuve un sueño donde programaba una robot para amarme. Porque me había enamorado de ella y tuve que presionar el botón escondido que traía en un arete para abrir su vientre y parte de su quijada, donde estaban sus circuitos más amables y el ritmo y la intensidad de sus pasos. Y la llevé hasta el mar donde la paz oleaba redondeando piedras y vidrios de otros tiempos, cuando los marineros arrojaban las botellas y quebrábanse en el agua. La arena era de cristales y el cielo, una anchurosa acuarela de migajas.

Cuando terminé de beber ese café, la noche se deshizo y volveré a la rutina de mañana.

Receso

Los saludo desde Word. Esto es más divertido.

La quimera y la calma

El mundo se quedó guardado en su casa. Pobres de los plebes, pues son los que más resienten estas medidas de precaución y sus viviendas, más que un hogar se transformaron en un refugio para guardarlos.

En dos días volvemos a la marcha, espero, a nuestras actividades cotidianas, pero algo va a cambiar en nuestra forma de contactarnos. Creo que de la paranoia ante la alerta sanitaria podemos sacar algo de provecho. Pues parece parece que el virus se está conteniendo en México, pero quién sabe cómo les vaya a otros países.

Los trámites que estaba movilizando se detuvieron pero cuento con que todo siga su curso normal para agilizar los últimos movimientos para ingresar al posgrado. Así como se detuvo esto, también se paralizó el tren de mi vida cotidiana. Voy a diez días de no ver a ningún amigo. Pensé alguna vez mantenerme en aislamiento para andar por las calles de la ciudad vagando por mi cuenta pero con esta situación, nada funciona allá afuera.

De verás que no fluyen ideas cuando uno deja de leer. El cuento que les venía relatando, dejó de ser una fábula y se volvió realidad. Espero pronto superarlo y relegarlo en el mito, como una más de esas pruebas enviadas por los celestes para probar nuestras inclinaciones. Pero mientras todo esto va en picada, anunció que regalaré todos mis libros. Así como un niño abandona sus juguetes, yo renuncio a todo aquello que alguna vez consideré un tesoro pues hoy todo eso para mí está sobrevaluado. No aceptaré ningún libro de regalo nunca más, yo me deshago de los míos.

Ojo, regalo solo los de literatura que son muchos. ¿Por qué? Son las medidas de precaución que me he decidido a tomar para que no me pegue el virus del Quijote, un agente especialmente patógeno. Se trata de un virus mortal, ya que mata en el ser todo sentido de realidad. Su cuadro presenta una serie de afecciones graves. Hace que el corazón se apropie de la frialdad de la razón y toma nuestras torres oculares para dedicarse a la vagancia y a una serie de actividades fuera de lo común que molestan a la sociedad o la divierten, en el mejor de los casos. Es muy infeccioso y se propaga muy fácilmente a través de la lectura.

El virus es una quimera. Se ha detectado que es una extraña cadena retroviral que se compone de varias proteínas adquiridas a lo largo de todos los siglos y muta muy fácilmente. Lo más peligroso es que tiene la capacidad para personalizarse en su huésped, es decir, que no hay una vacuna en común y cada individuo deberá encontrar su propia cura ante virulenta plaga.

Su ciclo vital se desarrolla en un estado catatónico o melancólico, romántico y posiblemente, como depende de la materia verbal para propagarse, en toda palabra que tenga la terminación “ico”. El virus del Quijote, como todos lo de su clase es un ser al borde de la vida, un no-muerto, un no vivo. Un ente manipulado por su propia necesidad de replicarse.

El ser humano es el único que la padece, su respuesta inmune genera demencia, pero el virus tiene la capacidad de engañar al sistema inmune y le hace creer que todo está bien, así que el organismo actúa conforme a la voluntad proteica de su atacante. De pronto la persona empieza a experimentar mareos, dolores en los ojos y en la cabeza, falta de apetito mas, un estado de ánimo insuperable que hace creer que todo evento sucede a favor de sí aunque resulte todo lo contrario.

Se le descubrió hace muchos siglos, mas el primer caso documentado fue la novela del mismo nombre de cuyo nombre no quiero ni acordarme. Al principio se incuba en la vista pero cuando pasa ese periodo exitosamente, se detona en el órgano del alma y se empiezan a sentir silenciosamente sus estragos. Aumenta al principio la capacidad intelectual, fase 1 y se tienen amplitud de pensamiento así como capacidad de transmitirlo ya sea voluntaria o involuntariamente. Pero pronto llega la fase 2 en la que se torna incontrolable y el huésped empieza a actuar de manera diferente a sí mismo y al grupo social al que pertenece. Puede ser aceptado, o rechazado y de igual forma, resulta altamente contagioso. Fase 3: pérdida de la realidad total. El sujeto actúa como Dios no le dio a entender y se somete a pruebas altamente peligrosas. A esta fase se le conoce como la del suicidio involuntario. Pues le hace creer al huésped que tiene las energías de un súper hombre y lo expone a las proezas más inverosímiles. Nota, el sujeto delira más despierto que dormido y se vuelve filósofo.

La fase 4 viene siendo la etapa terminal. A estas alturas es difícil poder hacer algo por el enfermo. Basta aceptar su mal y su inminente muerte. Desahuciados, empiezan a ver mujeres donde no las hay. Lo mejor que puede hacerse en esta etapa es mantenerse alejado de la persona infectada para no escucharlo o en el peor de los casos, ponerle un cubre-bocas para evitar que pueda contagiar a cuanta persona se le acerque o lo escuche. Los procesos de transcripción, traducción y duplicación han sido completados. Basta estallar para iniciar la liberación o gemación sobre uno de nuestros sentido más desnudos, por lo tanto, vulnerables, la carnosa visión donde el virus bajo el proceso de adsorción, penetra en la persona que habrá de portarlo y publicarlo, es decir, sacar e imprimir en el alma de los otros sus mortíferas copias viroides.

Esto es todo el conocimiento que tengo hasta ahora de esta cepa tan antigua. Lo cierto es que se le ha mantenido en aislamiento y la sociedad toma sus precauciones sin saberlo, pues eligió un medio no ventajoso para replicarse, pero su existencia revela que aún hay personas susceptibles a su ataque. Y yo quiero mantenerme al margen de eso.

Lo más triste es que aparte de usar un tapabocas, si no quiero contagiarme, tendré que cubrirme los ojos, pero eso ya no es suficiente. Se habla ya de dos nuevas cepas, la táctil, que es igual de desastrosa que la lepra y la auditiva, igual de peligrosa que la visual. Habrá que poner a trabajar a nuestros doctores sobre esos aspectos. Quien se quiera contagiar, bajo su propio riesgo pueden venir con calma a saquear mi biblioteca.

Pandemonium

Muchas cosas han pasado desde la última vez que visito este teclado. Mi renuncia a escribir literatura (que al cabo con eso le hago un bien al mundo) o lo que yo creía que era “eso” que se ha disipado en la última lectura que procuraré no recordar. Ahora, nada de eso tiene sentido. Vienen cosas más importantes y caóticas, cosas fuera de nuestro control.

El brote de un nuevo virus que ya ha cobrado varias vidas nos tiene en estado de alerta. Y aunque algunos digan que esto es pura política, lo cierto es que un ciento ha muerto ya entre más de mil quinientos infectados a los que se les ha declarado fuera de peligro.

Hoy, trabajé lo que me correspondía durante la mañana, porque aplicaron pruebas ENLACE y me relevaron en mi aula. Y de pronto mi celular se saturó de mensajes y llamadas advirtiéndome del edicto que el presidente anunció a nivel nacional declarando suspendidas las clases en todo el país hasta dentro de diez días mientras se controla la situación. Todo se suspendió, hasta el cine, los antros, bares, bules, centros de recreación, lugares de convivencia debido a la contingencia. Se nos recomendó permanecer en casa lo más posible para evitar contagios y propagaciones. De hecho yo tuve que suspender mi viaje a Escuinapa, tan esperado y al final, pospuesto hasta junio o julio, los meses más calurosos cuando el mar baña las costras de calor secándose en la piel.

Pero nada de eso, por el momento. Ya que cada hora esto se pone peor. La enfermedad de algunos vendrá a ser de todos. Mientras, mis alumnos gritaban con aullidos pánicos la suspensión de clases yo salí lo más pronto posible para abordar mi automóvil y manejar hasta mi casa y pude ver la situación en las noticias.

Antes, cuando era niño, los virus me producían un temor terrible. Y antes que a fuego y agua, pensaba que la humanidad encararía su final frente a un virus tan letal que no dejaría ni huella de nosotros, ni para enterrar a nuestros muertos ni siquiera ser enterrados. Los últimos cadáveres se pudrirían ante al sol.

Ahora, lo único que me importa es no ver caer a los que me rodean y cuidarme de no caer yo mismo. La cordura hay que mantener ante todo. En fin, nos espera un puente de lo más aburrido y psicótico. Pero ni modo, vale más prevenir y exagerar un poco en este caso, a luego lamentarlo.

Cuídense, pues y que Dios nos ayude.

La danza del abismo en las agujas del aire

No imaginé que al despertar, las aves me entregarían el camino. Miré al cielo cuando iba manejando hacia mi trabajo y fue en ese momento en el que abrí los ojos, miles de agujas danzaban en el aire, en realidad parecía un ejército de ángeles negros a punto de tomar la ciudad con todo el poder de la sincronía de las pequeñas cosas. Pude comprender el abismo y entendí que no es tan malo, se sacudía transparente lo que quedaba de la noche meciéndose sobre una rosada eternidad color durazno. Y es que a veces el horizonte sabe a la dulce ponzoña de la eternidad y ese amargo sabor dulce es en donde se revela nuestra existencia, porque un amanecer es como ir apareciendo en un negativo, todos somos los ángeles oscuros hasta que nos llega el día, a veces se iluminan nuestros sueños, otras veces sólo se quedan los bocetos de aquello que se perdió en nuestra núbea memoria.

Vía Láctea o la fábula del lector que decidió dejar de serlo

Luz y fuego

Los domingos son los días más solitarios. Caminé varias cuadras sin rumbo dirigiéndome a ningún lado. Estacioné el carro, salí del centro comercial y emprendí la marcha hasta llegar a una librería donde me puse a buscar un diccionario de francés-francés pero no encontré uno que había visto anteriormente y me dijeron que solamente encargándolo. En estos momentos no tengo la paciencia como para ponerme a esperar, para eso mejor lo consigo por mi cuenta por internet.

La tarde estaba sofocada pero al final se fue templando poco a poco cuando empezó a caer la tarde y en el horizonte una cortina amarilla enardecía su furia. De nuevo crucé calles de regreso. No encontré nada de lo que buscaba. Fui a ver una película pero cuando llegué ya estaban agotados los lugares, me salí de la fila y ocurrió lo que ya conté en breve cuando empecé a redactar esta entrada.

La ciudad estaba prácticamente vacía. Es hermosa cuando uno la contempla así y se puede disfrutar el canto de las aves preparándose para recibir la noche en sus plumas. En tanto, acá abajo, uno se limita a caminar o a correr, a dar un paso tras otro, tramo a tramo cubro tristes distancias mientras me reflejo en los edificios de cristal y admiro mi fascinante soledad.

Fue una tarde hermosa y también miserable. La ciudad vacía como mi ser mismo, ciudad desnuda e incomprensible. Un poco de poesía en cada esquina y nada aparece ante mis ojos; el día se oculta, la noche empieza a manifestarse a la sombra de los grandes edificios. Salgo del estacionamiento y manejo de regreso. Conduzco de una manera pausada, pienso en un café pero luego le piso y me voy de paso, no quiero detenerme, quiero llegar ya a dónde tengo todavía un lugar, un pequeño lugar en el piso y un lugar en la mesa. Creo tener fe en que otro día será diferente, que estar aburrido de las cosas es simplemente un estado y que cuando la noche caiga completamente debajo de la Vía Láctea algo ocurrirá, al menos un evento que le dé sentido a mi vida, este domingo, la más aburrida de todas.

 

Abismo conceptual

“¿Tiene sentido romper con cada movimiento la blancura de estas paredes y techos que caen como otra piel, mientras las palabras se levantan con la niebla y desaparecen con el humo?” Con estas palabras de Cuautémoc Vite intento darle sentido a esa vacuidad que he experimentado intensamente estas dos últimas semanas. ¿Poesía para qué? ¿Literatura para qué? ¿Letras… para qué? Nada tiene sentido. ¿De qué sirve leer e idolatrar una obra literaria? ¿Qué he ganado en estos años sirviéndole a las letras? Nada, no tiene utilidad, no son operativas. Si fuera un simple albañil sería quizás más feliz y algo sensacional sería que se me atravesare el libro vaquero de vez en cuando mientras hago tiempo para bajar el almuerzo. ¿Qué sentido tiene platicarle a otros lo que acabo de leer? ¿Qué puedo descubrir en un ensayo? ¿Qué sentido tienen mis artículos anteriores y trabajos académicos? Estoy asqueado de la literatura, no quiero saber nada de ella. Sí acabo de leer varios libros, novelas en sí, pero, la verdad es como si hubiera visto la televisión y no puedo platicarles mi experiencia con la misma pasión con la que alguna vez pude hacerlo.

Esta etapa de comportamiento quizás se deba a que no quiero tener ya ningún vínculo con el mundo de Letras. No quiero tener nada en común con ellos ni con nadie, en este caso estoy también rompiendo conmigo y el círculo vicioso. Que se queden con sus libros y sus idolatrías. Que se traguen a Borges y alucinen con Cortázar. Que José Emilio Pacheco los versifique y ofrezca sus cenizas a Octavio Paz. Que en un churro reverdezcan y escriban muchos churros, que al cabo, no tendrán sentido para nadie aunque de todos modos algún editor se atreverá a publicarlo. Y les nombrará Haikus, versos libres, coplas, letras muertas… tentativas del silencio. Yo me sentaré en el borde la banqueta escuchando cantar el abismo de los pájaros mientras miro el horizonte y luego el cielo, fragmentados en tótems de yeso y varillas espigadas intentando darle forma a un puente que murió incompleto porque un poste se negó a ser desarraigado por derechos de antigüedad.

Trato de abandonar desesperadamente este punto. No quiero saber nada de lo que anteriormente hacía. Por el momento abdico a todo esto. Me voy solo con lo que pueda cargar en los bolsillos. Dejaré mis libros a la deriva y yo me hundiré en la superficie, traspasaré el umbral del otro mundo, donde todo se parece aquí pero todo está en presente y no es conceptual. Entonces me convertiré en palabra errabunda secuencia de fonemas que busca atravesar el silencio o colgarse de él como la llama de las velas suspendidas en un pabilo condenado a consumirse. Ando errabundo como una palabra suelta fuera de mi campo semántico ya no tengo significado pero como toda palabra puedo engarzar en otro campo y para ello tengo que invadir la noche del sentido.

 

Esa tristeza: Letras

¿Quién las recuerda? ¿Acaso yo las puedo traer de nuevo, darles cuerpo?” ¿Quién me trajo esa tristeza?  Pudiera decir que no es mía, que se cruzó conmigo y sin embargo, yo la inventé para aniquilar todo lo que antes tenía sentido para mí. Por lo tanto ha nacido la fábula del lector que decidió dejar de serlo. Ese hombre se ha convertido en un apunte, un rasgo más para llenar la bolsa rota de los signos vacíos. El último milagro será ver derramarse la Vía Láctea en los ojos de su amada, por la que probará luchar a toda honra. En caso de que falle, la misma vía lo ahogará en la penumbra para sepultarlo en los grafos de la noche.

¿Esa tristeza, de qué está hecha? Lo único que sabemos hasta ahora es que ese hombre ya está muerto y un perro sigue sus pasos, olfatea sus huellas para acompañarlo hasta el infierno. Pero el hombre tenía prisa y esperará por el canino en aquel lugar de sombras mientras ve la octava maravilla del Más Allá, todavía Sísifo empujando su roca. Su rostro es terrible, pensaba decirle que ya no hiciera eso, que la roca al final volvería a perseguirlo pero el acento grave de su rostro engañó al hombre de la fábula y en verdad tenía sentido verlo empujar la piedra hasta el final. Así es que prefirió no entrometerse en asuntos tan ocupados y que no era prudente quitarle el tiempo a estas criaturas del abismo. Siguió su camino, era una calle vacía llena de luciérnagas pulidas. Más allá, a lo lejos vio cómo el destino de una mujer y un hombre se sometían salvajemente a las líneas de un ritual antiguo. Un gato devoró dentro del follaje a una ave dormida. Mañana al cielo le hará falta alguien del coro mas otro huevo hará eclosión y esa página en blanco estará completa. Pero mañana, la página en blanco del hombre se quedará vacía como la arena blanca en una playa solitaria. Porque hoy el hombre ha renunciado a su fábula, porque hoy la noche se ha anidado en las calles perdidas de su mente y un bandido ha secuestrado su espíritu prostituyéndolo a la visión de cada noche, esa estatua perpleja que intenta imitar a los pájaros que mañana caerán muertos sobre el techo ocular de los gatos. ¿Quién las recuerda? ¿Acaso yo las puedo traer de nuevo, darles cuerpo? Cuando retire los dedos del teclado ya no estaré aquí y el pintor de mi vida se habrá quedado ciego.

 

 
Under the Milky Way

Cuerda

Ayer terminé de leer la Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo. Es una novela muy interesante (y bizarra) de Haruki Murakami en la que ocurren sucesos demasiado extraños para poderlos explicar en la aburrida vida de un hombre aburrido, por así decirlo. Primero desaparece el gato y a partir de esa situación se desencadenan los demás eventos que poco a poco van relacionándose entre sí, ya en la vida real ya mediante los sueños, o mejor dicho, el espacio onírico invade la realidad y viene a ser un eslabón efectivo para resolver algunos conflictos personales de trascendencia histórica.

En la mera decadencia más palpable está la prueba de que las cosas más extrañas que ocurren a nuestro alrededor le dan sentido a nuestras vidas. La otra vez discutíamos Lenin y yo sobre esa situación. ¿Ocurre algo en nuestras vidas? No somos vigilantes, no somos policías, no somos narcos, ni políticos, ni enfermeros o doctores salvando vidas o viéndolas apagarse; no somos corredores de bolsas testigos o responsables de las crisis que nos aquejan; no erigimos monumentos como los grandes estados o las monstruosas construcciones que nos intimidan y nos invitan a derrochar nuestro dinero... Ejemplos varios se nos ocurrieron pero no vale la pena mencionarlos a cada uno de éstos, basta con los enumerados anteriormente para dar a entender lo esencial. En ese momento no pude contestarle pero he visto cosas extraordinarias ocurriendo en el mundo.

Y no vale la pena elaborar una teoría alrededor de mi vida, basta saber que nací abriendo una década del más sangriento de todos los siglos. El tan derramado siglo XX. En verdad que la naturaleza no necesita ponernos en extinción, basta con que alguna chispa se encienda entre nosotros para acabarnos intestinamente. Cada gobierno, cada nación, cada civilización debe sus muertos a sus contrarios. Hay que ponerse a pensar si vale la pena cuestionarse el por qué del dolor que otros deben de sufrir para nuestro bienestar. Estamos aquí muy tranquilos habitando el mundo viendo tan lejanas las masacres que gobiernos poderosos ostentan ante las pantallas, y no miramos lo que ocultan, pero mañana podemos ser nosotros o nuestros hijos a quienes les toque padecer esa opresión bajo cualquier pretexto, falta de recursos, estado peligroso, ingobernabilidad.

Que se nos libre de escuchar el chirrido del pájaro que le da cuerda al mundo. Quien lo oiga estará destinado a caer en lo más terrible de su destino. Como si algo en nuestra espalda nos diera cuerda para hacernos avanzar sin poder parar hasta que ésta se nos acabe. Ese chirrido rompe con lo cotidiano y envuelve a lo que impregna de ese terrible fado.

Hablando del destino. El sábado pasado fue la cena de Lasaña con Paty. Gracias al retiro espiritual, que me dejó todo agotado y si estaba resfriado me remató más, no pudimos asistir al final Lenin y yo. Cuando llegué a casa en cuanto pude tuve que volver el estómago, a tiempo en el árbol de la cochera. Entré a la casa y al recostarme me puse mejor, pero no era el mejor momento para salir, continuaba con temperatura y agotado por vomitar todo lo que traía. Una pastilla para el dolor de cabeza, mi mesalazina, una pieza de pan y mucha agua. No comí bien en el retiro, preferí no quedarme a la hora de la comida pues ya había sido demasiado para mí, una sesión muy agotadora y se reflejó en todo mi fin de semana. A veces me he puesto a pensar en si vale la pena trabajar ahí. A veces siento que quieren de uno todo el tiempo y eso no es posible. Y cada ves será menos imposible para mí. He hecho todo lo posible para que ese malpasada del sábado no me cueste una recaída y va bien, pero estoy muy molesto pues mi coordinadora no fue a esa reunión. Entonces que no me exijan las cosas más allá de lo que mi salud me deja. ¿Y el destino a qué vino al caso? Bueno, era importante para mí ir a esa reunión, por Paty. Pero en fin, hice todo lo posible pero no pude llegar, algo me detuvo desde las tripas y no reniego contra eso. De hecho no debería de estar enojado con la congregación. Yo tuve la culpa, si me pongo a reflexionar por tomarme esa pastilla. Dejaré así las cosas, me sentí frustrado de que mi un buen fin de semana, un buen puente se haya hechado a perder por esa movida tan fea.

En fin, no voy a crear una teoría al respecto, basta con anunciar lo ocurrido hasta ahora. Me voy a estudiar.

Los buenos mueren

Es la historia de cada día, siempre el mismo guión: trabas y burocracia, ¡Qué frustración! Lo de siempre, lo normal, todo gris sin final feliz... En este film los buenos mueren... Citando la rola de la banda argentina Ataque 77 me recuerda el caso de nuestra situación política en estos momentos de crisis y violencia al 100%. Hace unos días un tipo asesinó al banderillo de una obra pública allá en la Gran Ciudad. ¿Por qué lo hizo? No cuenta saberlo, lo importante es lo que hizo y opino que deberíamos de darle cacería al perro y ahorcarlo en un poste con algunas de sus partes desolladas, ya que está tan de moda querer sembrar el terror en cada rincón de la nación, empecemos por hacer sufrir, si es posible a la escoria.

Pero hacerlo así, nos convertiría en escoria también, sería caer en el mismo círculo vicioso. Los buenos mueren, sí, al acabarse las buenas convicciones para sobrellevar, luego, el derrumbe moral.

Es terrible que ocurran estos hechos. De modo que ahora nadie puede hacer su trabajo porque si sale un prepotente armado y se le antoja nos va a matar porque no está de acuerdo, cuando uno simplemente es peón de las circunstancias. Eso es irracional. Esto se está saliendo de control. El gobierno baja las manos con los que están haciendo mal y a los buenos los trata peor.

Como el caso del chiquillo que asesino "por accidente" (accidente mis tanates) a una niña en su propio salón de clases. Al plebillo se le ocurrió brillantemente lanzar un proyectil fabricado con clips y propulsado por una liga a la chamaca. Le pegó en la sien, el profesor no hizo nada al respecto, nada se hizo a tiempo, se perdió tiempo en la dirección y cuando llegaron los paramédicos y la ambulancia porque la muchacha se les desmayó, había muerto ya. Demasiado tarde para salvar una vida, por pura negligencia e irresponsabilidad. Pero ahora la escuela y la SEP bajan las manos para proteger al muchacho este que debería de estar en una correccional pagando su delito porque lo hizo adrede, ¿a quién estando bien de la cabeza se le ocurriría lanzarle una bola picuda llena de clips a alguien, y sobre todo en la cabeza? Si protegen a este muchachito las cosas se pondrán peor para la sociedad. Es increíble. Deberían de mandarlo a un tutelar pues no puede excusarse en que el hecho fue un accidente, ¿de modo que si tomo una pistola y te disparo se me perdonará la falta porque al apuntarte lo hice por accidente? Pónganse a pensar y si tienen hijos no les anden solapando sus mamadas. Hay que ser realistas.

Por eso las cosas están como están y caemos en el asesinato accidental del peón de aquella obra en la Gran Ciudad. Y como este, pues ha habido muchos otros casos que no voy a mencionar aquí, con esto es más que suficiente para darles a entender la situación y es preciso y necesario hacer algo ya. Sin panismo ni mamadas de esas que la guerra contra el narco y toda esa sarta de sancedeces que el gobierno usa para escudarse y consolidar su posición y su estabilidad. ¡Caramba! Un país con ciudades secuestradas por el narco está casi al borde de la anarquía. Hoy es la historia de cada día que las ciudades del norte son las más plagadas de estos casos y nuestro presidente cree que todo lo que ocurre es solo parte del guión de un western donde los buenos siempre ganan al enfrentarse cara a cara con el villano en un singular y normal duelo a muerte frente a un desolado pueblucho donde la tierra seca reina en los tejados de madera. Pero como dice la canción, desgraciadamente "en este film, los buenos mueren."

Si quieren a sus hijos, edúquenlos bien, que aprendan a respetar a los demás y la convivencia, con ese valor sería suficiente para empezar bien cada día.

The Killing Moon o la ley de la marea

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

 

Dicen que hay hombres que nacieron con la tragedia en la sangre. Dentro de ese grupo selecto podemos clasificar a los héroes. A los verdaderos, esos que enfrentaron su destino a costa de sí mismos, es decir, a pesar de su vida.

Esos los encontraremos a lo largo de toda nuestra literatura pero los parteaguas fueron nada más ni nada menos que, Job, los profetas bíblicos y Edipo. Mas fue Edipo quien tuvo que enfrentarse a lo que ya estaba dicho. Los dioses y algo más allá así lo habían designado así desde el principio y el oráculo no se equivocó en su vaticinio, el futuro sirvió para reafirmar lo que pronto sucedería sin ningún otro remedio. Dicen que la tragedia puede convertir a una persona o personaje en un ser mítico, más allá de todas sus y nuestras posibilidades. No queda otra salida mas que ampararse en su propio destino que es tan cruel que le permite al héroe trágico acercarse al gozo pero en cuanto ve que éste posa sus labios, apenas ya en ese momento lo arranca para siempre de la existencia condenándolo a ser una catarsis más para la posteridad y la humanidad que continúa siendo tan frágil. Si ese vaticinio no se cumpliera, sin duda el mundo se hubiera destruido de alguna manera. Hay todo un sistema de valores en nuestras tragedias.

Bajo una luna azul te vi y pronto me cerniste en tus brazos... De pronto todas nuestras posibilidades se cierran y nos conminan a seguir una serie de caminos ya trazados de los cuales no hay salida, simplemente un final que deberá ser el mismo no importa de que forma se llegue a él.

En una noche estrellada te vi y cruelmente me besaste: tus labios, un mundo mágico, tu cielo de joyas colgantes. La luna hecática vendrá muy pronto. Yo diría más bien que hay un agujero negro en tus labios, un vórtice elegante destinado para mi destrucción. Cuando nacemos hay algo que pronto nos cierne. Nos toma en sus manos, nos deja llorar un poco y nos entrega en llanto abierto a nuestra madre para que la simbiosis con su sangre, todavía caliente y clamando por su vientre, nos sede, nos calme, cuando somos tan pequeños y aun más ciegos. Y por fin dormimos por primera vez en la tierra porque se acabaron los sueños de agua, porque el agua no será otra cosa que un elemento peligroso, un recuerdo húmedo y oscuro que nos dará miedo y que en lugar de alojarnos va a ahogarnos. Así rompemos con esa conciencia primitiva y aprendemos a poner todas nuestras extremidades en el suelo.

Al final, todo se puede resumir en esa tradicional y horrenda frase que dice: "cuando el tecolote canta, el indio muere." Cuántas veces no tuve que espantar a la misma lechuza que blanca, se paraba durante la oscuridad en el aguacate cuando mi bisabuela estaba enferma. A veces, hasta las pobres garzas, las gaviotas y las cigüeñas se hacían partícipes de nuestras mentadas al aire. Había una temporada en la que las aves blancas brillaban en el cielo como ángeles prehistóricos que en formación volaban hacia alguna dirección en silencio. Y nosotros pegados en la tierra las piedras que arrojábamos al aire volvían a caernos sujetas a una ley de atracción donde el objeto menos pesado tiene a fuerzas que caer en el otro más denso y masivo. A todos nos llega la marea y a punto de reventar nacemos con marea alta.

Hay un destino inseparable de nosotros, implícito dentro de nosotros. Como Edipo, el hombre es traicionado, burlado por las sombras. Pero a veces en esa pérdida esos hombres se ven rescatados por su desgracia aunque, cruelmente, también los hubo y hay de quienes se ha perdido toda la memoria. Porque nuestra condición es pasajera e inevitable, inexpugnable. Lo único que nos separa a ti y a mí, ya no son unas cuantas letras o palabras, bastaría un solo punto y una coma y todo estaría dicho, es la ley de la palabra y es la nuestra contra el destino, ya en marea alta, ya en marea baja. Punto.

 
The killing Moon
 
killing moon

 

Echo & The Bunnymen- The Killing Moon

Under blue moon I saw you
So soon you'll take me
Up in your arms
Too late to beg you or cancel it
Though I know it must be the killing time
Unwillingly mine
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
In starlit nights I saw you
So cruelly you kissed me
Your lips a magic world
Your sky all hung with jewels
The killing moon
Will come too soon
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
Under blue moon I saw you
So soon you'll take me
Up in your arms
Too late to beg you or cancel it
Though I know it must be the killing time
Unwillingly mine
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
You give yourself to him
La la la la la...
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
La la la la la...
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
La la la la la...

 

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